Tenía
los ojos del color de la tristeza, se pasaba la vida mirando el mar.
Su
marinero partió para otras tierras y no regresó jamás.
Ojos
de mujer que no paran de llorar.
¡Cuánto
tiempo ha transcurrido desde que le prometió volver, cuántos años pasados que
le han otorgado canas y pesar!
Y
un vacío en el alma que no se puede llenar.
¡Es
tan larga la distancia de los años que dejamos atrás!, como la de los amores
primeros que se duermen en la memoria
Como
las canciones que aprendimos en el colegio, como los juegos que dejamos de
jugar.
¡Es
tan largo el camino que nos separa de nuestros primeros pasos!, como dolorosas
son nuestras perdidas humanas, los que murieron y no podemos besar.
Labios
fríos, rostros queridos que ya no nos pueden mirar.
Ella
luce la melena suelta al viento, que ondea mientras contempla el horizonte.
Cielo
y mar se funden en una bella armonía.
El
crepúsculo de la tarde juega a bautizar las olas, que se nutren de colores
rojizos como para sangrar.
Son
el líquido derramado por nuestra humanidad.
Helena
se llama ella, la que sufre por esperar.
La
que a su marinero entregó su felicidad.
Pero
él está tan lejos que ya no la puede amar.
Quizás
repose bajo el azul del cielo, enterrado en la oscuridad.
Apenas
tiene ella fuerzas para caminar, se hizo vieja y no se volvió a enamorar.
Todavía
conserva en el fondo de su corazón la promesa que le hizo él antes de marchar.
Que
le traería rosas, que la llevaría al altar. Que le ofrecería el aroma de otros
lugares, que le regalaría un soplo de inmensidad.
Pero
no cumplió su promesa, porque lo que Helena no sabe es que se ahogó.
Por
eso no volverá.
No
descubrió ninguna tierra nueva, no le trajo recuerdos ni tierras que visitar.
Mas su espíritu la acompaña, mientras ella le
susurra a la soledad.
Mientras
suspira de melancolía, siempre acude a admirar el ocaso junto al mar. Y a veces
sus cabellos se alborotan, y no los mueve el viento, sino la mano de su querido
marinero Juan.
Es
la más triste de las distancias, la que nos separa la vida de la muerte.
Y
sin embargo, algún día la recorreremos queramos o no, iremos caminando hacia la
eternidad.
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